De las cenizas de los clubes de fútbol renació la legitimidad política del Gobierno de los Kirchner. O eso quisieran ellos. El último fin de semana la televisión pública, el Canal 7, lideró la audiencia de la televisación futbolística. Se lo sustrajo a una empresa del Grupo Clarín, y profundizó una guerra.
Fue un paisaje inédito y festejado: volver a ver los partidos de fútbol en TV abierta. Adiós a los decodificadores, a los abonos a veces abusivos de los cableoperadores. El fin de un monopolio que pagaba muy poco a los clubes por los derechos de emisión. A cambio, ¡llegó el fútbol para todos!
Cristina Kirchner,
la presidenta, hizo gala de su cultura futbolística en una foto memorable:
reunida con los regulador de las comunicaciones y el titular de Canal 7, observó
la transmisión en un aparato celular de última generación, no disponible en el
mercado argentino.
Todos los
mensajes apuntalaron lo que el gobierno argentino entiende que es la matriz de
su traspié político: la postura crítica de la mayoría de los medios de
comunicación, empezando con el más grande, el Grupo Clarín.
Obligó a
que los clubes suspendieran un contrato con los derechos del fútbol a TSC, de
Clarín; podría dividir su red de cable y
con el teléfono que presentó Cristina Kirchner en sociedad ratificó que se
aplicará aquí una tecnología de TV digital japonesa. No a la americana de Canal
13/Clarín.
Fue slogan
de la última campaña electoral un ataque al poder omnímodo que suponen los
Kirchner en Clarín. Y ahora, tras los magros resultados electorales de junio,
viene la venganza.
Néstor y Cristina Kirchner quieren unir lo útil –la ayuda a los clubes, la democratización de la transmisión del fútbol- con lo agradable: horadar el poderío mediático de Clarín y de medios opositores e independientes, al tiempo que recuperan capital electoral.
Tanto fue así que la agencia oficial Télam difundió fotos del titular del Comité Federal de Radiodifusión (COMFER), Gabriel Mariotto, en la cancha de fútbol. Punta de lanza de la ofensiva contra Clarín y protagonista de una nueva ley de Radiodifusión en ciernes, el funcionario tiene poco que ver con el deporte, pero allí lo ve...
Mientras la
obstinación por los segundos objetivos no complique los básicos, no habrá
problemas. Pero tampoco Clarín perdió oportunidad
de mostrar su poderío. Sacó sus garras en titulares de diarios y emisiones de
TV y radio más indignadas que muy poco antes.
El problema
de la legitimidad afecta a los dos, a Clarín y al Gobierno. Los Kirchner, en
este caso, metieron un gol de media cancha. Los aficionados, contentos. Pero el
campeonato recién comienza y quedan dos años. Nadie se atreve a pronosticar
quién ganará el favor de la gente.

El manejo político que se le da al fútbol es digno de analizarse, estudiarse y sobre todo criticarse. Expones muy bien el problema y creo que el golpe mediático de la pareja presidencial argentina no les va a durar mucho. La dura realidad, nos guste o no, siempre sale a relucir. Y la crisis en el bolsillo de la gente y la falta de espacios para expresarse libremente, no lo va a poder tapar eternamente un buen partido de fútbol argentino.